Τετάρτη, 21 Σεπτεμβρίου 2011

Μίκης Θεοδωράκης: Canto General





















Μίκης Θεοδωράκης: Canto General

01. Prologue Απαγγελία: Μάνος Κατράκης
Χρόνος: 2:10

02. Algunas Bestias Τραγούδι: Μαρία Φαραντούρη
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 11:15
Era el crepúsculo de la iguana. | Desde la arcoirisada crestería | su lengua como un dardo | se hundía en la verdura, | el hormiguero monacal pisaba | con melodioso pie la selva, | el guanaco fino como el oxígeno | en las anchas alturas pardas | iba calzando botas de oro, | mientras la llama abría cándidos | ojos en la delicadeza | del mundo lleno de rocío. | Los monos trenzaban un hilo | interminablemente erótico | en las riberas de la aurora, | derribando muros de polen | y espantando el vuelo violeta | de las mariposas de Muzo. | Era la noche de los caimanes, | la noche pura y pululante | de hocicos saliendo del légamo, | y de las ciénagas soñolientas | un ruido opaco de armaduras | volvía al origen terrestre. | El jaguar tocaba las hojas | con su ausencia fosforescente, | el puma corre en el ramaje | como el fuego devorador | mientras arden en él los ojos | alcohólicos de la selva. | Los tejones rascan los pies | del río, husmean el nido | cuya delicia palpitante | atacarán con dientes rojos. | Y en el fondo del agua magna, | como el círculo de la tierra, | está la gigante anaconda | cubierta de barros rituales, | devoradora y religiosa.

03. Voy A Vivir Τραγούδι: Πέτρος Πανδής
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 5:53
Yo no voy a morirme. Salgo | ahora, en este día lleno de volcanes | hacia la multitud, hacia la vida. | Aquí dejo arregladas estas cosas | hoy que los pistoleros se pasean | con la "cultura occidental" en brazos, | con las manos que matan en España | y las horcas que oscilan en Atenas | y la deshonra que gobierna a Chile | y paro de contar. | Aquí me quedo | con palabras y pueblos y caminos | que me esperan de nuevo, y que golpean | con manos consteladas en mi puerta.

04. Los Libertadores Τραγούδι: Μαρία Φαραντούρη
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 16:43
Aquí viene el árbol, el árbol | de la tormenta, el árbol del pueblo. | De la tierra suben sus heroes | como las hojas por la savia, | y el viento estrella los follajes | de muchedumbre rumorosa, | hasta que cae la semilla | del pan otra vez a la tierra. | Aquí viene el árbol, el árbol | nutrido por muertos desnudos, | muertos azotados y heridos, | muertos de rostros impasibles, | empalados sobre una lanza, | desmenuzados en la hoguera, | decapitados por el hacha, | descuartizados a caballo, | crucificados en la iglesia. | Aquí viene el árbol, el árbol | cuyas raíces están vivas, | sacó salitre del martirio, | sus raíces comieron sangre, | y extrajo lágrimas del suelo: | las elevó por sus ramajes, | las repartió en su arquitectura. | Fueron flores invisibles, | a veces, flores enterradas, | otras veces iluminaron | sus pétalos como planetas. | Y el hombre recogió en las ramas | las corolas endurecidas, | las entregó de mano en mano | como magnolias o granadas | y de pronto, abrieron la tierra, | crecieron hasta las estrellas. | Este es el árbol de los libres. | El árbol tierra, el árbol nube. | El árbol pan, el árbol flecha. | El árbol puño, el árbol fuego. | Lo ahoga el agua tormentosa | de nuestra época nocturna, | pero su mástil balancea | el ruedo de su poderío. | Otras veces, de nuevo caen | las ramas rotas por la cólera | y una ceniza amenazante | cubre su antigua majestad: | así pasó desde otros tiempos, | así salió de la agonía | hasta que una mano secreta, | unos brazos innumerables, | el pueblo, guardó los fragmentos, | escondió troncos invariables, | y sus labios eran las hojas | del inmenso árbol repartido, | diseminado en todas partes, | caminando con sus raíces. | Este es el árbol, el árbol | del pueblo, de todos los pueblos | de la libertad, de la lucha. | Asómate a su cabellera; | toca sus rayos renovados; | hunde la mano en las usinas | donde su fruto palpitante | propaga su luz cada día. | Levanta esta tierra en tus manos, | participa de este esplendor, | toma tu pan y tu manzana, | tu corazón y tu caballo | y monta guardia en la frontera, | en el límite de sus hojas. | Defiende el fin de sus corolas, | comparte las noches hostiles, | vigila el ciclo de la aurora, | respira la altura estrellada, | sosteniendo el árbol, el árbol | que crece en medio de la tierra.

05. La United Fruit Co. Τραγούδι: Πέτρος Πανδής
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 7:07
Cuando sonó la trompeta, estuvo | todo preparado en la tierra | y Jehová repartió el mundo | a Coca-Cola Inc., Anaconda, | Ford Motors, y otras entidades: | la Compañía Frutera Inc. | se reservó lo más jugoso, | la costa central de mi tierra, | la dulce cintura de América. | Bautizó de nuevo sus tierras | como "'Repúblicas Bananas", | y sobre los muertos dormidos, | sobre los héroes inquietos | que conquistaron la grandeza, | la libertad y las banderas, | estableció la ópera bufa: | enajenó los albedríos, | regaló coronas de César, | desenvainó la envidia, atrajo | la dictadura de las moscas, | moscas Trujillo, moscas Tachos, | moscas Carias, moscas Martínez, | moscas Ubico, moscas húmedas | de sangre humilde y mermelada, | moscas borrachas que zumban | sobre las tumbas populares, | moscas de circo, sabias moscas | entendidas en tiranía. | Entre las moscas sanguinarias | la Frutera desembarca, | arrasando el café y las frutas | en sus barcos que deslizaron | como bandejas el Tesoro | de nuestras tierras sumergidas. | Mientras tanto, por los abismos | azucarados de los puertos, | caían indios sepultados | en el vapor de la mañana: | un cuerpo rueda, una cosa | sin nombre, un número caído | un racimo de fruta muerta | derramada en el pudridero.

06. Vienen Los Parajos Τραγούδι: Μαρία Φαραντούρη
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 10:27
Todo era vuelo en nuestra tierra. | Como gotas de sangre y plumas | los cardenales desangraban | el amanecer de Anáhuac. | El tucán era una adorable | caja de frutas barnizadas, | el colibrí guardó las chispas | originales del relámpago | y sus minúsculas hogueras | ardían en el aire inmóvil. | Los ilustres loros llenaban | la profundidad del follaje | como lingotes de oro verde | recién salidos de la pasta | de los pantanos sumergidos, | y de sus ojos circulars | miraba una argolla amarilla, | vieja como los minerales. | Todas las águilas del cielo | nutrían su estirpe sangrienta | en el azul inhabitado, | y sobre las plumas carnívoras | votaba encima del mundo | el cóndor, rey asesino, | fraile solitario del cielo, | talismán negro de la nieve, | huracán de la cetrería. | La ingeniería del hornero | hacia del barro fragante | pequeños teatros sonorous | donde aparecía cantando. | El atajacaminos iba | dando su grito humedecido | a la orilla de los cenotes. | La torcaza araucana | hacía ásperos nidos matorrales | donde dejaba el real regalo | de sus huevos empavonados. | La Loica del Sur, fragante, | dulce carpintera de otoño, | mostraba su pecho estrellado | de constelación escarlata, | y el austral chingolo elevaba | su flauta recién recogida | de la eternidad del agua. | Más, húmedo como un nenúfar, | el flamenco abría sus puertas | de sonrosada catedral, | y volaba como la aurora, | lejos del bosque bochornoso | donde cuelga la pedrería | del quetzal, que de pronto despierta, | se mueve, resbala y fulgura | y hace volar su brasa virgen. | Vuela una montaña marina | hacia las islas, una luna | de aves que van hacia el Sur, | sobre las islas fermentadas del Perú. | Es un río vivo de sombra, | es un cometa de pequeños | corazones innumerable | que oscurecen el sol del mundo | como un astro de cola espesa | palpitando hacia el archipiélago. | Y en final del iracundo mar, | en la lluvia del océano | surgen las alas del albatross | como dos sistemas de sal | estableciendo en el silencio | entre las rachas torrenciales, | con su espaciosa jerarquía | el orden de las soledades.

07. Vegetaciones Τραγούδι: Μαρία Φαραντούρη
Μουσική: Μίκης Θεοδωράκης | Ποίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 6:56
A las tierras sin nombres y sin números | bajaba el viento desde otros dominios | traía la lluvia hilos celestes, | y el dios de los altares impregnados | devolvía las flores y las vidas. | En la fertilidad crecía el tiempo. | El jacarandá elevaba espuma | hecha de resplandores transmarinos, | la araucaria de lanzas erizadas | era la magnitud contra la nieve, | el primordial árbol caoba | desde su copa destilaba sangre, | y al sur de los alerces, | el árbol trueno, el árbol rojo, | el árbol de la espina, el árbol madre, | el ceibo bermellón, el árbol caucho, | eran volumen terrenal, sonido, | eran territoriales existencias. | Un nuevo aroma propagado | llenaba, por los intersticios | de la tierra, las respiraciones | convertidas en humo y fragancia; | el tabaco silvestre alzaba | su rosal de aire imaginario. | Como una lanza terminada en fuego | apareció el maíz y su estatura | se desgranó y nació de nuevo, | diseminó su harina, tuvo | muertos bajo sus raíces, | y, luego, en su cuna, mero | crecer los dioses vegetales. | Arruga y extensión, diseminaba | la semilla del viento | sobre las plumas de la cordillera, | espesa luz de germen y pezones, | aurora ciega amamantada | por los ungüentos terrenales | de la implacable latitud lluviosa, | de las cerradas noches manantiales, | de las cisternas matutinas. | Y aún en las llanuras | como láminas del planeta, | bajo un fresco pueblo de estrellas, | rey de la hierba, el ombú detenía | el aire libre, el vuelo rumoroso | y montaba la pampa sujetándola | con su ramal de riendas y raíces. | América arboleda, | zarza salvaje entre los mares, | de polo a polo balanceabas, | tesoro verde, tu espesura. | Germina la noche | en ciudades de cáscaras sagradas, | en sonoras maderas, | extensas hojas que cubrían | la piedra germinal, los nacimientos. | Útero verde, Americana | sábana seminal, bodega espesa, | una rama nació como una isla, | una hoja fue formada de la espada, | una flor fue relámpago y medusa | un racimo redondeó su resumen, | una raíz descendió a las tinieblas.

08. America Insurrecta Τραγούδι: Πέτρος Πανδής
Μουσική: Μίκης ΘεοδωράκηςΠοίηση: Pablo Neruda
Χρόνος: 10:27
Nuestra tierra, ancha tierra, soledades, | se pobló de rumores, brazos, bocas. | Una callada sílaba iba ardiendo, | congregando la rosa clandestina, | hasta que las praderas trepidaron | cubiertas de metales y galopes. | Fue dura la verdad como un arado. | Rompió la tierra, estableció el deseo, | hundió sus propagandas germinales | y nació en la secreta primavera. | Fue callada su flor, fue rechazada | su reunión de luz, fue combatida | la levadura colectiva, el beso | de las banderas escondidas, | pero surgió rompiendo las paredes, | apartando las cárceles del suelo. | El pueblo oscuro fue su copa, | recibió la substancia rechazada, | la propagó en los límites marítimos, | la machacó en morteros indomables. | Y salió con las páginas golpeadas | y con la primavera en el camino. | Hora de ayer, hora de mediodía, | hora de hoy otra vez, hora esperada | entre el minuto muerto y el que nace | en la erizada edad de la mentira. | Patria, naciste de los leñadores, | de hijos sin bautizar, de carpinteros, | de los que dieron como un ave extrana | una gota de sangre voladora, | y hoy nacerás de nuevo duramente, | desde donde el traidor y el carcelero | te creen para siempre sumergida. | Hoy nacerás del pueblo como entonces. | Hoy saldrás del carbón y del rocío. | Hoy llegarás a sacudir las puertas | con manos maltratadas, con pedazos | de alma sobreviviente, con racimos | de miradas que no extinguió la muerte, | con herramientas hurañas | armadas bajo los harapos.

Επιμέλεια: Νίκος Ταξείδης